03/03/2014

La ficción y la realidad

Con este artículo, el CIC inicia un espacio abierto a los miembros del Consell y los colegiados para que aporten, a título personal, sus puntos de vista sobre temas actuales relacionados con la deontología periodística.

En 1938, miles de estadounidenses confundieron una adaptación radiofónica de la famosa novela del escritor inglés HG Wells “La guerra de los mundos” con un hecho real. Aunque los responsables del programa, dirigido por Orson Welles, recordaban de vez en cuando que se trataba de una pieza de ficción, las centralitas telefónicas de la policía y de otros departamentos oficiales se bloquearon con llamadas de ciudadanos asustados, convencidos de que Estados Unidos eran invadidos por criaturas de Marte. Se hace difícil imaginar una reacción colectiva similar hoy, cuando tanta gente puede leer las últimas noticias en su “smartphone”. Fuera concebible que un programa televisivo o un “post” alarmista y manipulador pudiera llegar a esparcir un pánico similar?

Coincidiendo con el 33 aniversario del 23-F, el periodista Jordi Évole hizo un ensayo similar donde mezclaba ficción y realidad en el programa “Salvados” de La Sexta, que dejó desatinada una buena parte de la audiencia. “Operación Palace” levantó después un agrio debate en las redes sociales, con detractores y defensores divididos a partes iguales. Si vale todo con la excusa de utilizar la ficción para rememorar unos hechos que marcaron la historia del país de una manera tan brutal? “Se broma, es broma”, repetía de vez en cuando el cómico Cassen en sus actuaciones. Es cierto que Jordi Évole aclaró al final el carácter ficticio del programa, hecho con la colaboración de notables del mundo de la política y del periodismo.

” Operación Palace “, por más que el popular presentador de La Sexta revelara a posteriori que se trataba de una especie de juego mediante una técnica muy usual en el campo literario, no dejaba de ser una versión falsa del golpe de Estado del 23 – F, o sea, una mentira y una manipulación. El propio Évole, al admitir la falsedad, recurrió a una comparativa genérica: “Seguramente, ustedes (los telespectadores) han sido engañados otras veces y nadie les ha dicho, pero nosotros lo reconocemos”. No sé si con este final feliz ya basta, dado que no siempre las cosas terminan tan bien como pretende el periodista. Durante la hora larga de duración que tuvo la emisión se contaron los hechos con detalle contando con los testimonios de personas de reconocida credibilidad. El Évole dijo que el golpe de Estado fue un artificio orquestada por los agentes políticos, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), hoy Centro Nacional de Inteligencia, e incluso, la Casa Real. Una “trama” dirigida por el cineasta José Luis Garci y que se empezó a gestar en la habitación 302 del Hotel Palace, que dio nombre a la pieza creativa.

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Son muchas las historias que se basan en hechos reales o se inspiran en personajes o instituciones de la realidad. El novelista Dan Brown es un hábil mistificador, por citar un autor de moda que ha tenido que pasar por los tribunales de justicia. Otro escritor, Régis Jauffret, ha sido demandado por el ex-director del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Khan por haberse inspirado en él en dar vida a un personaje de su novela “La ballade de Rickers Island” y recrear el escandaloso episodio con una camarera en un hotel de Nueva York. Con su “Operación Palace” Jordi Évole no ha sido nada original en su planteamiento. ¿Es correcto jugar con el público y hacerle creer otra versión de un hecho histórico relativamente reciente? Cada uno tendrá su opinión, pero no se puede olvidar que el 23 de febrero de 1981 estuvo en peligro la todavía tierna democracia española. El presentador consiguió lo que quería, captar audiencia y generar debate. Un episodio más de la creciente manipulación a la que estamos sometidos desde todas las plataformas, con el pequeño consuelo, en este caso, de que nos confesaron la manipulación.

Vivimos en un mundo híper-conectado donde la información viaja a una velocidad y alcance sin precedentes. Las redes sociales pueden difundir noticias de manera intencionada o de buena fe, desencaminada o provocadora. El verano de 2012, un usuario de Twiter suplantó el ministro ruso del Interior y lanzó que el presidente sirio, Bashar al Assad estaba muerto o gravemente herido. Inmediatamente, el precio del petróleo subió más de un dólar. También la vida del ex-presidente Bush ha sido objeto del susurro irresponsable, así como la de otros personajes. Y un video considerado anti-islámico colgado en Youtube provocó decenas de muertos el pasado octubre. Normalmente, cuando el error se corrige el daño ya está hecho. Es como chillar “Fuego!” en medio de un teatro lleno de gente.

Roger Jiménez

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